Apadrina un banco

Apadrina un banco en un parque urbano… o inténtalo.

Que no te pase lo que a mí.

Esta entrada del blog es un poco personal y habla de una experiencia mía tratando de apadrinar un banco… de la cual no sé si sentirme muy orgulloso.

Hace unos años estaba de vacaciones en Nueva York y había concertado una visita con unas trabajadoras del Central Park Conservancy, que es la entidad sin ánimo de lucro cuya función es la gestión y mantenimiento del Central Park, que recibe a 42 millones de visitantes al año.

Como yo me dedico al mundo de gestión de parques urbanos, siempre que viajo aprovecho para conocer otros lugares y gente de la profesión de infraestructura verde urbana. La verdad es que me hacía ilusión conocer por dentro el que es probablemente el parque urbano más famoso del mundo. Las oficinas están en un rascacielos anexo al parque, y esa es una de las primeras cosas que te chocan cuando vas a las dependencias de un parque urbano, estar en un lugar que no “cuadra”. A mi, que estoy acostumbrado a patear parques, me llamó la atención no ver verde, botas con barro o jardineros entrando y saliendo.

Había leído que el Central Park tiene un programa para apadrinar uno de sus 10.000 bancos y que ya tiene 7.000 ocupados.

Como estaba de vacaciones, pensaba comprar algún recuerdo tipo turistada (gorra, camiseta, imán de nevera o similar), pero no quería ser tan hortera y en aras de vincularme al mundo de parques y movido por un espíritu altruista dije: “voy a apadrinar un banco, que camisetas ya tengo suficientes y si alguna vez vuelvo me hará ilusión buscar el banco con la plaquita y mi nombre”. Llegué a la reunión con media hora de antelación contento y feliz, pensando la frase que iba a poner en mi futura placa…pensaba si la redactaría en español o en inglés, y si ponía algo gracioso o más serio y formal, me encontraba en un momento creativo… ¡madre mía, cuantas dudas!

Apadrinando un banco de Central Park

Llegué a un mostrador y le pregunté a una joven muy amable que quería apadrinar un banco, me sonrió mientras me daba un formulario explicativo en el que ponía las condiciones. Yo, como estaba tan ilusionado, me fijé en la parte de abajo que era donde había que redactar el texto en letras mayúsculas. Mientras empezaba a escribir mi gran frase, me fijé de soslayo en una cifra que aparecía en el formulario en un par de sitios que decía “Estoy interesado en donar 10.000 U$D para adoptar un banco del Central Park de Nueva York” (y lo ponen, así, sin anestesia).

Evidentemente, no voy a decir que mi interés altruista creció y allí mismo decidí apadrinar cuatro bancos de una tacada…pues no. Tragué saliva y le dije a la señorita tan amable de antes, “Perdón…esto es para donar un banco, o para comprar media zona de columpios” …y luego “¿El banco, me lo empaquetan y me lo mandan a casa?”, evidentemente no entendió mi sutil ironía. Me explicó que esto forma parte de donaciones altruistas que están sujetas a beneficios fiscales y que es un honor formar parte de los defensores y patronos del parque. Yo con deshonor, tendré que decir que no formaré parte del club de patronos del parque, no porque no quiera…sino porque no puedo.

Me di un baño de realidad. En mi mente (bastante provinciana) yo pensaba que una plaquita que puede costar unos 10€ de fabricación se podría colocar por hasta 10 veces su valor (infeliz de mí), y evidentemente allí acabó mi espíritu altruista. Al final de la reunión cuando salí a la calle me compré en una tienda de souvenirs para turistas de alpargata un imán de nevera y una camiseta que ponía “Central Park New York” y que ya pasó a mejor vida tras cuatro lavados (ahora el lector puede llamarme “hortera” …y acepto hasta “rata”)… nada que objetar.

Con todo esto me quedó la lección aprendida que cuando gestionas el parque más famoso del mundo puedes elegir quién te patrocina y por cuánto, y cuando juegas en “otras ligas de parques” tienes que buscar otras formas de financiación diferentes e imaginativas.

De todas formas, como aún quedan unos 3.000 bancos por apadrinar, os he dejado el enlace por si hay alguno que se anima y quiere terminar lo que yo he empezado, y si vais a donar y no tenéis claro el texto podéis poner “Este banco no lo pudo patrocinar Alberto Ipas”.

A pesar de esta historia, uno de los bancos de Central Park, terminó en el Parque del Agua de Zaragoza. ¿Queréis saber más sobre esta historia? Os la cuento en este vídeo:

Un abrazo a todos los futuros donantes.

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