Estuve hace poco en la playa de Laboe en Kiel (norte de Alemania), te das cuenta como algo muy simple en ocio puede ser TREMENDAMENTE RENTABLE. Un antiguo submarino de la segunda guerra mundial. Su tripulación se rindió al final de la guerra y el submarino pasó a la marina de Noruega que lo dió de baja en 1963. No sabían qué hacer con él y lo devolvieron a Alemania para convertirlo en chatarra, pero se les ocurrió mantenerlo, restaurarlo y dejarlo varado en tierra para su exhibición. Está abierto al público desde 1972.
Es solo un antiguo submarino, con una entrada por un extremo y salida por otro, no hay proyecciones, no hay audiovisuales, no hay bar, no hay ascensor, ni espacios comunes…nada. La visita dura unos 10 minutos, pero en cambio tiene la fuerza interior de su historia que te transporta a esa experiencia. Te imaginas a 45 hombres apiñados, el olor, el espacio, el miedo, la falta de aire…y 16 camas para todos, una cocina de 1 m2 para 45 personas y un baño sin agua corriente…te quedas pensando en cómo era esa vida tan dura.
Y cuando esto lo llevas al plano del ocio te das cuenta que a veces se necesita muy poco para entretener. El submarino tiene 350.000 visitas al año a una media de 8,5 € por entrada que son casi 3 millones de euros. Una persona en una garita en la entrada y abre todos los días. Nada de logísticas complicadas, nada de organizar turnos de trabajadores, nada de comprar suministros, gestionar bares, servicios de limpieza, luces, mantenimientos complejos, innovación…nada. La simplicidad llevada al ocio y la máxima rentabilidad.
Si alguna vez en el futuro me dicen que me regalan un submarino o un parque temático para gestionarlo y quedarme con su beneficios…me quedo con el submarino sin dudarlo…pero ya!!!


